
Khajuraho un patrimonio de la humanidad que invita a un recorrido por el misterio de los sentidos.
Ver un paisaje abierto, un abismo, un río imponente o ir a un lugar donde un grupo de hombres civilizados dejaron vestigios de su cultura es una aventura que despierta el espíritu, y en muy pocas ocasiones las pasiones y la libido, y ese es el caso de Khajuraho un lugar único en el mundo donde se celebra el amor, la sensualidad y la sexualidad, como un poema de Baudelaire, pero tangible.
Khajuraho, un patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO en 1986, localizado en un país enigmático de miles de años de historia, la India.
Khajuraho tiene todos los ingredientes para hacernos soñar con todo lo terrenal y lo celestial. Las estatuas eróticas de los templos de Khajuraho podrían escandalizar a cualquier visitante, muestran escenas de sexo explícito, pero en ningún momento llegan a ser vulgares o estar fuera de lugar, trasmiten una belleza inaudita, comparable solo con el arte griego, emanan sensibilidad y libertad, y es como si tuviéramos acceso a nuestro inconsciente negado, el deseo sexual y sin embargo lo pornográfico en Khajuraho tiene virtud artística y religiosa.
Khajuraho fue construido en un lapso de diez décadas, hace mas de mil años, la versatilidad de los artistas que tallaron aquellas estatuas causa admiración, eran gente sabia, consciente y adelantada a su tiempo y tal vez al nuestro también, que celebraban el cuerpo y que a la vez tenían una vida espiritual muy profunda, a estos templos se iba a orar a meditar a encontrar a Dios, sin rechazar lo humano que tenemos.
Khajuraho nos intimida y nos crea un problema, nos llena cuestiones, es enigmático, es un himno al cuerpo, ha aceptarnos tal como somos, a no negar nuestra naturaleza, visitar Khajuraho, en un día soleado con la mente y el corazón abierto, ver aquellas estatuas, tenerlas cerca nos cambia, nos hace diferentes.
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